Con una inversión que supera los $13 mil millones, el nuevo Puente Sargento Menadier debería ser el respiro vial que tanto anhela Puente Alto. Sin embargo, permanece cerrado, un símbolo costoso e inútil de la ineficacia administrativa.
La semana pasada, la polémica alcanzó su punto álgido con la confrontación abierta entre autoridades nacionales y el municipio. Mientras voces del Congreso acusan a la administración local de “burocracia excesiva” por no dar la recepción final por “detalles menores”, el municipio insiste en la necesidad de asegurar la total seguridad de la obra y sus accesos, protegiéndose de futuras responsabilidades. La realidad es que el retraso tiene como única víctima a los miles de vecinos que continúan sufriendo una congestión vehicular paralizante en la Ruta G-429. Este impasse no solo es un problema de ingeniería, sino un claro ejemplo de cómo las disputas políticas a nivel central y comunal condenan a la ciudadanía a soportar soluciones incompletas o simplemente inexistentes.
